Tutor de periodistas en prácticas

Durante más de 20 años, de los casi 30 que formé parte de la plantilla de los diarios Información de Alicante y La Opinión de Murcia, fui tutor de periodistas en prácticas. Medio millar de alumnos, por dar una cifra aproximada, se iniciaron bajo mi dirección en el apasionante trabajo de la búsqueda de la noticia, de contar lo que sucede, y muchos de ellos se están ganando la vida en la profesión, pese a las dificultades de los medios en esta crisis económica. De todo este trabajo me queda la sensación de haberme enriquecido tremendamente como persona y como profesional con la fuerza de sus aportaciones.

Con el periodista y escritor Jose Antequera en la antigua redacción de La Opinión de Murcia

Con el periodista y escritor Jose Antequera en la antigua redacción de La Opinión de Murcia

Hasta nueve universidades de toda España enviaron estudiantes de periodismo a hacer prácticas a las redacciones de los diarios Información de Alicante y La Opinión de Murcia mientras desempeñé en ellos mi labor profesional, desde el año 1986 hasta 2015, en los puestos de redactor, redactor jefe o de dirección. Llegaron un año tras otro estudiantes de la Universidad Miguel Hernández de Elche, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Católica de Murcia (UCAM), Universidad de Valencia, Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), CEU Cardenal Herrera y Universidad de Murcia, entre otras españolas y extranjeras, en su mayoría con la absoluta determinación de comerse el mundo.

Cada vez que entraba el verano y aparecía un grupo de jóvenes periodistas dispuestos a triunfar les recibía con esta célebre frase: “El periodismo acaba donde empieza una rueda de prensa”. Es una importante declaración de principios, sobre todo en estos tiempos extraños para el ejercicio de la profesión, por las tremendas posibilidades de control de la información y por las fuertes presiones que se ejercen por parte de determinados poderes públicos para intentar aplastar la verdad. Es una invitación a la investigación permanente, a levantar las alfombras y a hacer públicas todas las corruptelas que carcomen nuestra sociedad.

El tutor de periodistas debe aprender a escuchar

La continua relación con los estudiantes me ayudó sobre todo a aprender a escuchar. Los hubo trabajadores, vagos, pillos, espabilados, perspicaces, simpáticos y hasta saboteadores, como aquella joven de Orihuela que, por manía, nos tiraba todos los viernes los reportajes, informes y todo tipo de noticias que guardábamos en la “nevera” del ordenador para los días de fiesta, fines de semana o tiempos de escasez. Fue un verdadero quebradero de cabeza durante un asfixiante mes de julio, hasta que una casualidad nos permitió descubrir que no era un duende de redacción quien nos estaba jugando tan malas pasadas.

Escuchar, escuchar y escuchar te lleva a entender y después a explicar con claridad, premisas fundamentales para ejercer una labor de docencia profesional.

En la sala de teletipos de La Opinión de Murcia, cuando los periodistas todavía recibíamos las noticias en papel

En la sala de teletipos de La Opinión de Murcia, cuando los periodistas recibíamos las noticias en papel

Prudentes para escribir, osados para preguntar

Del trabajo con los estudiantes fui tomando muchas notas que en la actualidad me están sirviendo para mis trabajos profesionales. Hay que ser prudentes para escribir y osados para investigar y preguntar. Siempre he defendido este planteamiento y para mi ya es un lema. Lo que muchas veces me encontraba era lo contrario.

Llevados por sus deseos de sobresalir, de hacerse un hueco en esta difícil profesión, los aspirantes a periodistas se lanzaban a escribir textos disparatados sin haber contratado suficientemente su contenido, sin haber profundizado lo necesario. Y salía lo que salía.

Contrastar una información exige un esfuerzo tan tremendo que a veces resulta agotador. Esta labor es especialmente difícil en los juzgados, tanto si se trata de información referida a detenidos como de cualquier otra investigación. Y no digamos cuando hay un tema de corrupción en el candelero. En estos casos las puertas se cierran hasta con siete llaves. Pero nada es infranqueable para un periodista con olfato y pasión por descubrir la noticia.

Compañeros periodistas de La Opinión de Murcia en la despedida de una estudiante china que hizo prácticas de periodismo en el diario

Compañeros periodistas de La Opinión de Murcia en la despedida de una estudiante china que hizo prácticas en el diario

La verdad absoluta no existe

La irrupción de las nuevas tecnologías, la sociedad 2.0, y el trabajo con estudiantes, casi todos nativos digitales, me ha disparado una alerta muy importante para el mundo del periodismo, de la escritura, del copywriting y de los contenidos en general: en Internet, como en la vida misma nadie está en posesión de la verdad absoluta, entre otras cosas porque no existe.

Todo trabajo profesional exige seriedad, contraste y comprobación. Más de una vez me he encontrado con afirmaciones del tipo “lo encontré en internet”, “está en internet”… ¿Y? Por ello, insistía siempre a mis “prácticos” y me insisto a mi mismo en que venga de donde venga tu fuente informativa, tu trabajo debe estar siempre certificado, cerrado y comprobado hasta la saciedad para que, como diría un buen cristiano, lo que escribas vaya a misa.

El horror de la página en blanco

Escribir no solo me permite ganarme la vida. Para mi es un placer. Pero como quizá le haya pasado a todo el que se dedique a este oficio alguna vez he sufrido el horror de enfrentarme a una página en blanco y no saber por donde empezar.

A lo largo de los años y en la relación con los estudiantes que os estoy contando, he vivido situaciones cómicas y desesperantes. Recuerdo a un joven de Caravaca que tardó un día entero en escribir seis o siete líneas de un breve. Y eso que le estuve apurando continuamente. Eso sí, lo entregó perfecto. Una chica de Madrid me pidió ¡toda una semana! para realizar un reportaje sobre la suciedad de un parque infantil en Murcia, cuando lo habitual era que te ocupara media mañana, y más de uno me solicitó auxilio porque era incapaz de rellenar todo el hueco que le habíamos dejado para escribir una noticia.

Paciencia, oficio, perseverancia y muchas lecturas son clave para soltarte escribiendo.

Baldo Rodríguez escribiendo en un ordenador en el diario Información de Alicante

Escribiendo en la redacción de Elche del diario Información

Apunta todo lo que se te ocurra

El folio en blanco, la página en blanco es horrible. Pero hay medicina para combatir la angustia que te produce. La fundamental es apuntar todo lo que se te ocurre. En servilletas, en la mano, en cualquier libreta, en un muro, en el barrillo del cristal trasero del coche, en donde puedas.

Y si la inspiración te viene cuando ya estás en la cama, levántate y escribe. No confíes en acordarte por la mañana porque jamás vuelve aquella palabra, frase o idea que te iba a servir de lanzadera para una entrada en tu blog, una poesía o una carta a la novia.

Más importante que tu firma es tu trabajo

¿Quién es más importante, el lector, el cliente o el autor del artículo? La respuesta parece clara, pero no todo el mundo lo entiende, especialmente algunos estudiantes que llegan a las redacciones henchidos de soberbia, aunque, desde luego, son una minoría.

Los deseos de gloria, el ver tu firma estampada en un artículo o en un informe puede llevarte a perder la perspectiva. Pero para eso estamos los tutores, para ponerle los pies en la tierra a más de uno, para predicar la humildad y hacerle ver que lo importante es lo que escribe y lo que dice.

Tu firma es tu marca personal, la huella que dejas, como bien explica Andrés Pérez Ortega en su libro “Marca personal”, de la colección “Para Dummies”, cuya lectura me atrevo a recomendar. Pero no debemos confundir los términos: una cosa es hacer marca personal y otra es ponerte en el centro del orbe. Así que, cuando estés hincando los codos, mejor te olvidas de ti mismo y te centras en la faena: tu trabajo te compensará.

 

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